/
EMBAJADA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA
ENGLISH

Declaraciones de la secretaria Rice en la Conferencia sobre las Américas

EE.UU. busca medios de ampliar desarrollo político, económico y social de la región

Publicado: 10 de julio, 2007 Nota relacionada: Interesa a EE.UU. que el continente americano sea sano y próspero  

“Nosotros en las Américas, con toda nuestra diversidad, somos en realidad una alianza de pueblos. Compartimos los éxitos de cada uno, y tenemos una interdependencia mutua para conseguir esos éxitos... Lo que también nos une es la promesa que llevamos con nosotros; la promesa revolucionaria de que la vida en las Américas representa una oportunidad para todos los pueblos, independientemente de su clase, cultura, raza, religión, sangre, nacimiento, una oportunidad para romper con el pasado y empezar una nueva vida; para reemplazar la pobreza por la prosperidad, la injusticia por la dignidad, y la opresión por la libertad”, dijo la secretaria de Estado Condoleezza Rice el 9 de julio en la Conferencia de la Casa Blanca sobre las Américas.

A continuación una traducción de las declaraciones de la secretaria Rice:

(comienza el texto)

Discurso en la Conferencia de la Casa Blanca sobre las Américas

Secretaria Condoleezza Rice
Hotel Hyatt Regency
Crystal City, Virginia
9 de julio de 2007

(16:00 horas EST)

SECRETARIA RICE: Buenas tardes. Muchas gracias, Tom [Shannon], por la amable y maravillosa presentación que has hecho. Y quisiera decir que el secretario de Estado adjunto Tom Shannon ha sido realmente la punta de lanza en la promoción de nuestras políticas sobre América Latina y ha pasado tiempo con nuestros colegas y amigos en la región. Por ello, Tom, te doy las gracias por tu dedicación a esta región.

Es un honor tener esta oportunidad de estar con todos ustedes y participar en la Conferencia de la Casa Blanca sobre las Américas.

Estoy consciente de que los oradores y los diálogos han contribuido a un día enriquecedor, pero también largo. Y estoy particularmente consciente, como cualquier orador debe estarlo, de que soy la única persona que queda entre Uds. y la mejor parte del día: las copas y la cena, y es por ello que intentaré ser breve.

Al mirar a mi alrededor hoy, veo un microcosmos de las Américas. Veo representantes de la sociedad civil. Veo líderes de iglesias y grupos religiosos. Veo miembros de la comunidad empresarial. Veo muchos distinguidos miembros del cuerpo diplomático de nuestro hemisferio.

Son los hombres y mujeres como Uds., algunos en el gobierno, pero la mayoría fuera de este, los que están ayudando a profundizar los lazos personales que unen a los ciudadanos de las Américas: lazos de viajes y turismo, comercio y cultura, amistad y familia, y por supuesto principios y prácticas democráticos.

Nosotros en las Américas, con toda nuestra diversidad, somos en realidad una alianza de pueblos. Compartimos los éxitos de cada uno, y tenemos una interdependencia mutua para conseguir esos éxitos. Es por ello que quiero agradecerles su presencia hoy aquí.

Lo que también nos une es la promesa que llevamos con nosotros; la promesa revolucionaria de que la vida en las Américas representa una oportunidad para todos los pueblos, independientemente de su clase, cultura, raza, religión, sangre, nacimiento, una oportunidad para romper con el pasado y empezar una nueva vida; para reemplazar la pobreza por la prosperidad, la injusticia por la dignidad, y la opresión por la libertad.

Esta es la promesa original de las Américas, y la historia moderna de la región ha sido el intento, imperfecto, ya lo sabemos, de completar esta promesa. Los pueblos de nuestro hemisferio han tenido que superar el colonialismo, la esclavitud, y la tiranía; y juntos han creado un consenso panamericano para las economías libres y los gobiernos democráticos como lo adecuado para cada uno de nuestros ciudadanos. Sólo hay un país cuyo pueblo trágicamente no vive bajo un gobierno de su elección y ese país es el del gran pueblo de Cuba.

En cualquier caso, a pesar del significativo progreso y oportunidades en las Américas existe desde luego un gran sufrimiento. Muchos hombres, mujeres y niños están todavía excluidos de la promesa del hemisferio, agarrados a los bordes de sus economías y en los márgenes de sus sociedades. Todavía existen demasiadas personas que no conocen la dignidad básica de un buen trabajo y buenos cuidados sanitarios, de las oportunidades educativas y de un hogar propio. Hay muchos que todavía sienten que algunos líderes elegidos, funcionarios de gobierno, y policías sólo se preocupan por sí mismos y no por sus conciudadanos, y que trabajan en pro de sus propios intereses limitados y no para avanzar intereses nacionales más amplios.

Para democracias como la nuestra, en momentos de ampliación de la prosperidad mundial, esta situación es completamente inaceptable, y no es una sorpresa que haya llevado a muchos en las Américas a decepcionarse de la democracia, a cuestionarse si la democracia puede de verdad ofrecer grandes y adecuadas esperanzas para una vida mejor.

Este sentido de la impaciencia ha estado claro en muchas de las elecciones que han tenido lugar en las Américas. Lo que ha estado claro también es la fortaleza del compromiso de nuestro hemisferio con los ideales e instituciones democráticas, un compromiso claramente expresado por millones de personas que han acudido a las urnas y han elegido modernizaciones democráticas: líderes de la izquierda, la derecha, y el centro que quieren ayudar a la gente a mejorar sus vidas, especialmente a los pobres y los marginados.

Los desafíos del desarrollo de nuestro hemisferio son significativos pero los ciudadanos y líderes en las Américas están embarcándose en un compromiso histórico para tratarlos de un modo democrático. Este compromiso está reflejado en nuestra Carta Democrática Interamericana que expresa que la democracia es el derecho de todos los pueblos y la única vía hacia un desarrollo político, social y económico duraderos. Les indicaré que una región con un compromiso al desarrollo democrático tan amplia como la nuestra no tiene precedentes históricos, ni en nuestro hemisferio ni en el mundo.

Nuestro desafío principal es por tanto demostrar que su compromiso no es infundado, que la democracia puede proporcionar desarrollo duradero y justicia social, no sólo a las élites sino a todos los ciudadanos. Y esto es lo que nos ha traído hoy aquí. Las respuestas que buscamos, damas y caballeros, están entre nosotros.

El poder verdaderamente transformador de las Américas está aquí en esta sala, entre los ciudadanos particulares como Uds. que fortalecen nuestras comunidades y se preocupan por sus vecinos, que crean nuevos empleos y negocios, y que organizan la creciente energía de nuestros pueblos en una fuerza positiva para el cambio.

El papel del gobierno, por lo tanto, está claro: trabajar en alianza con Uds., adoptar políticas que amplíen los lazos entre nuestros ciudadanos, que profundicen la forma en la que nos relacionamos los unos con los otros y el modo en que trabajamos juntos, y que liberen la creatividad en pleno que puede resultar de la alianza de nuestros pueblos.

La democracia, en su apogeo, no es una idea estacionaria. Es una idea radical, capaz de desatar revoluciones individuales en la condición humana, de transformar la vida de la gente a través de la mejora personal y la movilidad social.

Pero, para lograrlo, los líderes democráticos deben gobernar con justicia, deben combatir la corrupción y deben invertir en sus pueblos. Deben reformar sus instituciones estatales para que sean más transparentes, y sean inclusivas y rindan cuentas. Y deben construir economías dinámicas y persistentes que se adapten al cambio, que aprovechen las oportunidades del comercio regional y global y que despierten esperanza entre los pobres y los más débiles entre nosotros. Esa es la manera en que la democracia conduce hacia la justicia social.

Los ciudadanos democráticos y los verdaderos líderes democráticas de las Américas han asumido ese compromiso, y cuando buscan a Estados Unidos para asociarse, encuentran en nosotros a un amigo determinado. Queremos desempeñar un papel de apoyo, un papel efectivo cuando todas nuestras naciones intentan adaptarse al siglo XXI, y trabajaremos juntos para construir aquí, en las Américas, una comunidad de naciones soberanas que sean exitosas, competitivas y libres, que atiendan las necesidades de sus pueblos y les permitan desatar su tremenda creatividad y diligencia.

Por ese motivo, impulsar la justicia social es hoy el punto focal de la política de Estados Unidos en el hemisferio. Y en esta conferencia hemos demostrado que estamos movilizando a todas las agencias de nuestro gobierno, a cada sector de nuestra sociedad, en un amplio esfuerzo en apoyo de esa meta.

Nosotros apoyamos la justicia social con nuestra ayuda al desarrollo: duplicándola para el hemisferio en el mandato de este presidente; orientándola para que los pobres logren acceso a los servicio de salud y vivienda, educación y puestos de trabajo, y aliviando deudas por miles de millones de dólares.

Nosotros apoyamos la justicia social impulsando la inclusión política y social de ciudadanos excluidos, como los pueblos indígenas y los descendientes de pueblos africanos, ayudando a nuestros socios democráticos a prestar a sus ciudadanos los servicios básicos, invertir en el futuro de sus pueblos y fortalecer el estado de derecho, y a erradicar la corrupción en todos los niveles del gobierno y de la sociedad.

Nosotros apoyamos la justicia social ampliando la seguridad personal en todas las ciudades y pueblos, y en los vecindarios de las Américas, trabajando con nuestros socios democráticos para ayudar a las víctimas de los desastres naturales, y poniendo ante la justicia a los traficantes de drogas ilícitas, a los pandilleros y a los traficantes de seres humanos.

Y por supuesto que apoyamos la justicia social, la inclusión económica y la lucha contra la pobreza por medio del comercio libre y justo. Y aquí, y quiero remarcarlo, es que nosotros, como Estados Unidos, tenemos que hacer una mejor tarea en cumplir con nuestros acuerdos, y asegurarnos de que podemos hacerlos cumplir.

Algunos de nuestros socios más firmes, nuestros socios democráticos –Colombia, Panamá y Perú– han asumido con nosotros compromisos estratégicos con sus acuerdos comerciales. Estos son compromisos realizados por líderes libremente elegidos, que reflejan las aspiraciones más profundas de sus pueblos, hombres y mujeres que comprenden que el comercio no es una conspiración para enriquecer aún más a los ricos. Más bien en nuestro hemisferio hoy es la fuerza más grande para la transformación personal y el meollo de cualquier estrategia seria para ayudar a los pobres.

El comercio es bueno para nuestros socios democráticos, y es bueno para Estados Unidos. Y esta ha de ser una prueba para nuestro país, y nosotros nos debemos plantear la pregunta: ¿creemos o no en nuestros principios en el comercio libre y justo? ¿Apoyamos, o no, a nuestros socios democráticos? ¿Estamos dispuestos a dejar a los pueblos de las Américas en manos de las promesas vacías que hacen los demagogos autoritarios? Los acuerdos de libre comercio que hemos negociado son acuerdos buenos y equilibrados. Los ciudadanos de nuestro hemisferio no renunciarán al desarrollo democrático y para nosotros y nuestro Congreso sería el extremo de la irresponsabilidad renunciar a ellos.

Damas y caballeros: nosotros en Estados Unidos apoyamos la justicia social para los pueblos de las Américas, porque es lo correcto, y sobre todo porque nosotros, entre todos los países, sabemos lo difícil que puede ser la democracia y la diferencia que pueden hacer los socios que se comprometen a conseguir la justicia y el desarrollo.

El miércoles pasado fue el 231 aniversario de la independencia de nuestra nación. En medio de la celebración fue un momento para reflexionar sobre nuestra propia búsqueda de justicia social y de una unión más perfecta, un intento que continúa hasta hoy.

Después de todo, hubo un tiempo en nuestra historia cuando la salud y la vivienda, el trabajo y la educación, eran privilegios para unos pocos, no la oportunidad para la mayoría.

Hubo un tiempo cuando los desafíos a nuestro desarrollo parecían tan grandes que parecía que podían aplastar nuestras instituciones democráticas, y casi lo hicieron.

Y por supuesto hubo un tiempo, no hace mucho, durante mi propia vida, cuando sectores enteros de la sociedad estaban excluidos de su lugar merecido en nuestra democracia: indígenas, inmigrantes, mujeres, los pobres, y por supuesto, durante mi vida, los negros que, el momento de nuestra fundación como país eran considerados de ser tres quintas partes de un hombre.

Nuestra historia nos ha enseñado la humildad. Nos ha enseñado sobre nuestras propias imperfecciones. Nos ha enseñado a jamás dar por descontado nuestro éxito y a siempre recordar que nuestro éxito depende de la amplitud del éxito de nuestros vecinos en el hemisferio. En especial, nuestra historia, la historia de Estados Unidos ha reforzado nuestra determinación para ser buen amigo, confiable, de nuestros socios en las Américas, para trabajar todos juntos para edificar países libres, y con ello inspirar a otros que están lejos de nuestras fronteras.

Damas y caballeros: los ojos del mundo siempre se han tornado hacia el continente americano y de nuevo miran hacia nosotros. Hoy, al igual que en siglos pasados, nosotros encarnamos no solo los sueños de nuestros ciudadanos, sino también de gente de todo el mundo, en lugares como Birmania y Zimbabwe, Afganistán e Iraq, y tristemente aún en nuestro hemisferio, todavía en Cuba. Estas personas encarnan los sueños de patriotas impacientes que saben que si el desarrollo democrático puede dar resultados con nosotros, pueden dar resultados con ellos, que creen que la promesa de la libertad y la oportunidad es un deseo universal, una visión universal, abierta a cada persona, en cada país, en todo momento.

Por ese motivo, nosotros en las Américas participamos en una empresa que es mucho más grande que nosotros mismos y más grande que nuestra región. Yo estoy convencida de que, seguros de nuestros valores y conociendo nuestro futuro, de que tendremos éxito. Muchas gracias. (Aplausos).

(termina el texto)

 
###

 

/
Archivos:  2003  2004  2005  2006  2007  2008  2009  2010  |  Sitio oficial