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EMBAJADA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA
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Negroponte expone ante Cámaras de Comercio EE.UU. en América Latina

Compromiso de EE.UU. con la promesa de un hemisferio democrático

Publicado: 20 de setiembre de 2007

John Negroponte, vicesecretario de Estado de Estados Unidos, pronunció un discurso el 18 de septiembre con motivo de la reunión anual de la Asociación de Cámaras de Comercio de Estados Unidos en América Latina, celebrada en Washington D.C.

A continuación una traducción del texto del discurso de Negroponte:

(comienza la transcripción)

John D. Negroponte, vicesecretario de Estado
Washington, DC
18 de septiembre de 2007

Gracias por tu amable presentación, Kathleen. Es un placer estar aquí en la 40ª. Reunión de la Asociación de Cámaras de Comercio de Estados Unidos en América Latina. Quiero agradecer personalmente a Kathleen y a la Cámara de Comercio de Estados Unidos por auspiciar esta conferencia. La secretaria Rice envía sus mejores deseos y su agradecimiento por todo lo que la AACCLA hace para fomentar el comercio y la inversión entre los países de América Latina y Estados Unidos.

Damas y caballeros: hemos definido el 2007 como un año de gran compromiso con América Latina. Podemos ver con una claridad excepcional la convergencia de propósitos en el hemisferio. Este momento surge del prolongado esfuerzo bipartidista en las políticas de Estados Unidos y estamos aprovechando esa tradición. Nuestras prioridades e intereses concuerdan estrechamente con las de nuestros vecinos democráticos y estamos estableciendo los cimientos de un Hemisferio Occidental más seguro y estable.

Para mí personalmente este año de compromiso con nuestros asociados en las Américas tiene un significado aún mayor. La fortuna de haber celebrado muchos cumpleaños le da a uno una carga generosa de lo que algunos denominarían “perspectiva histórica”.

Siendo un joven diplomático me atrajo la clara visión del presidente Kennedy de un hemisferio próspero y exitoso, o cómo lo llamaba él: una “alianza para el progreso”. Como observador y participante en la región durante medio siglo me conmueve el destacable consenso al que se ha llegado, desde la izquierda, desde la derecha, y a lo ancho de todo el espectro democrático, acerca de lo que significa el “éxito” en las Américas.

Actualmente, en el contente americano existe un amplio consenso social, económico y político en torno a algunos principios fundamentales que definen a la región y que orientará su creciente éxito y ayudará a los pueblos del hemisferio a adaptarse y a florecer en esta era y economía global. Una línea de la Carta Democrática Interamericana, firmada por todos los países de la región, con la excepción de uno, resume con elegancia este nuevo consenso: “La democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de las Américas”.

Los líderes democráticos de la región coinciden en el significado del éxito, al igual que lo hacen los pueblos que los han elegido: significa un desarrollo económico amplio, prolongado y con crecimiento orientado al mercado, que ofrezca oportunidades más amplias a todos los ciudadanos y que ayude a la gente a atender sus necesidades y expectativas.

Los demócratas comprometidos de todo el hemisferio intentan ampliar la justicia social y resolver los desafíos, como las desigualdades y los delitos. Se esfuerzan por proporcionar servicios como la educación y la salud, necesidades apremiantes que son decisivas para el desarrollo humano y para consolidar una sociedad competitiva en la actual economía mundial que se basa en el conocimiento.

Esta es la agenda de los líderes democráticos de izquierdas, de derechas y centristas, y es la agenda que orienta nuestro compromiso en la región. Cuando en mayo pasado visité Colombia, Ecuador, Perú y Panamá me impresionó lo mucho que esta visión está transformando vidas y creando oportunidades, y me sorprendió el enorme potencial para la prosperidad que existe en toda la región, pero que no ha sido aprovechado. Uno puede ver esta energía y dinamismo en ciudades como Bogotá, donde uno no sabría que hace pocos años un conflicto en todo el país amenazaba la misma existencia del Estado colombiano.

La visión positiva de un futuro mejor que se observa en países como Colombia, Brasil, Panamá y Perú resalta en contraste con las visiones alternativas que, a pesar de sus promesas, nunca han mejorado la vida de la gente. No es coincidencia que un país comerciante como el Chile democrático haya reducido su tasa de pobreza a menos del 14 por ciento en el momento en que abrió sus puertas al mundo.

En épocas pasadas el autoritarismo ha inflingido grandes daños en los pueblos de la región. E inevitablemente lo hará de nuevo, y trágicamente, como ya lo es, en países como Venezuela, donde Hugo Chávez deshace los frenos y equilibrios, la separación de poderes y las libertades personales que son la esencia misma de la democracia liberal.

Afortunadamente, casi en todas partes de la región los dirigentes democráticos se han comprometido con la práctica de la libertad política y económica que produce verdadero desarrollo y crecimiento. Y mientras tratan de reforzar el vínculo entre democracia y desarrollo, está en el interés nacional de Estados Unidos solidarizarse con ellos en alianzas verdaderas y hacer todo lo posible para tengan éxito.

Una manera en que apoyamos el éxito de nuestros socios democráticos es mediante la ayuda exterior enfocada cuidadosamente. Desde el comienzo de esta administración, Estados Unidos casi ha duplicado la ayuda exterior a las Américas. Apoyamos a nuestros socios en sus esfuerzos para reforzar el estado de derecho, ampliar las oportunidades económicas para los indígenas y otros grupos marginados, combatir el narcotráfico, la corrupción y las enfermedades como el VIH/SIDA, proteger el medio ambiente, y tantas cosas más.

Esta ayuda tiene un impacto directo y catalítico, pero sabemos que la necesidad es mucho mayor. Y por eso complementamos nuestra ayuda con nuevas asociaciones creativas con los gobiernos, la sociedad civil, y con el sector privado en todo el hemisferio.

Una de estas acciones es la iniciativa de la Cuenta del Desafío de Milenio, que efectúa donaciones de desarrollo a países cuyos historiales demuestran que gobiernan justamente, avanzan la libertad económica e invierten en sus pueblos. Mediante la Corporación del Desafío del Milenio realizamos inversiones a largo plazo en el éxito de los gobiernos responsables, en lugares como Honduras y El Salvador, y esperamos hacerlo en más países en el futuro.

Hemos colaborado también con el sector privado para reducir el costo de las remesas. USAID y el Departamento de Hacienda trabajan con uniones de crédito e instituciones de microfinanciamiento para facilitar el enorme flujo de dinero, que se aproxima a los 70.000 millones de dólares al año y que los latinoamericanos que trabajan aquí en Estados Unidos envían a sus familias en la región. Este dinero constituye un ingreso esencial y una inversión que tiene un enorme impacto positivo para millones de personas en la región.

Iniciativas como éstas son importantes y necesarias. Pero lo mejor que podemos hacer para lograr el éxito en el hemisferio de manera rápida y eficaz, y de manera más sostenible, es ampliar el comercio libre y justo.

Los mercados abiertos y la ampliación de oportunidades son fuerzas que pueden transformar. Crean estímulos poderosos para que los países refuercen las instituciones de la democracia representativa, fortalezcan la rendición de cuentas y el estado de derecho y faciliten los mecanismos de las economías modernas y eficientes. El comercio fomenta las oportunidades humanas que crean esperanza y que permiten a la gente participar en el éxito de su sociedad. Esas oportunidades proporcionan también alternativas atractivas a las actividades ilícitas o la inmigración ilegal a las que recurren en desesperación algunos de los más pobres de la región.

El presidente Bush ha avanzado y ha construido sobre las bases de la visión de sus antecesores, promoviendo nuestra integración económica con la región como motor poderoso de oportunidad. Hemos negociado más acuerdos de libre comercio que todas las administraciones anteriores de Estados Unidos juntas. Los ocho viajes del presidente a la región, y los numerosos acuerdos de libre comercio que hemos firmado desde 2001, atestiguan un nivel extraordinario de participación y compromiso con el éxito.

Basándonos en NAFTA, hemos aplicado acuerdos de libre comercio con Chile, con los países de América Central y con la República Dominicana. Hemos concluido acuerdos, que están pendientes de la aprobación del Congreso, con Perú, Colombia, y Panamá. Hoy, las alianzas de libre comercio que hemos consolidado tienen el potencial de abarcar casi la totalidad de nuestro continente: desde el Estrecho de Bering, bajando por la costa del Pacífico, hasta Tierra del Fuego en el extremo sur del hemisferio.

Estos acuerdos comerciales, que incluyen cláusulas concretas con respecto a los trabajadores y la protección del medio ambiente, aumentarán en cientos y cientos de miles de millones de dólares el comercio en ambas direcciones y los flujos de inversión. Esto creará recursos y oportunidades que marcarán la diferencia decisiva para las sociedades que han optado por avanzar más allá de los legados de desigualdad, exclusión social y pobreza.

Ningún país personifica más esta decisión que Colombia, el tercer país más populoso de América Latina. Con fortaleza, valor y determinación, los dedicados líderes y pueblo talentoso de ese gran país ponen fin a las décadas de violencia que llevaron a su nación al borde del fracaso. Han adoptado la libertad política y económica como el sendero a la justicia social, la prosperidad y la reconciliación, y obtienen ahora resultados impresionantes.

Durante los días más oscuros de Colombia Estados Unidos dio su apoyo bipartidista al pueblo colombiano. Ayudamos a los colombianos que luchaban contra los narcoterroristas que amenazaban con destruir las instituciones del país, desestabilizar a sus vecinos y propagar la violencia y el sufrimiento allende sus fronteras. Estuvimos orgullosos ayudar al pueblo de Colombia a medida que lograba el control de su futuro y acogía la promesa de una relación comercial abierta con la economía más grande del mundo. Hoy, esa promesa ha ayudado a Colombia a lograr un nivel de progreso político y económico que simplemente era impensable hace algunos años.

Damas y caballeros: tres de nuestros socios democráticos claves—Colombia, Panamá y Perú—han hecho compromisos estratégicos con su futuro al firmar acuerdos comerciales con nosotros.

Lo que está en juego para nosotros es mucho más que economías nacionales; es el éxito de una visión positiva para las Américas que administraciones sucesivas de Estados Unidos, de ambos partidos, han apoyado y nutrido sabiamente … una visión que refleja nuestros propios intereses nacionales básicos de paz y prosperidad … y una visión que se ha convertido en una fuerza unificadora que cruza divisiones étnicas, políticas y sociales en toda la región.

Debemos dejar absolutamente bien sentado las consecuencias de no aprobar estos acuerdos. Si Estados Unidos no apoya a los verdaderos demócratas de las Américas, que quieren mejorar la vida de sus pueblos y no dominarlos, entonces habremos demostrado exactamente lo que los nuevos autócratas alegan, es decir que la democracia no produce beneficios verdaderos, que los mercados libres y el libre comercio son un camino que únicamente conduce a las promesas vacías, y que Estados Unidos de América ni siquiera apoya a sus mejores amigos.

Dicho de otra manera más sencilla: si no se aprueban los acuerdos de libre comercio con Perú, con Panamá y especialmente con Colombia, eso sería una victoria para Hugo Chávez y una derrota para las fuerzas de la democracia en el hemisferio.

Así que por ese motivo, y muchos otras, apelo al Congreso a que apruebe los acuerdos de libre comercio con Colombia, con Panamá y con Perú.

Damas y caballeros: Estados Unidos tiene un compromiso con la promesa de un hemisferio democrático. Para ayudar a hacer realidad esa promesa, estamos dispuestos a trabajar con cualquier gobierno que esté comprometido con la democracia, tanto en principio como en la práctica. Nos hemos comprometido completamente con el éxito de nuestros socios democráticos. Ayudaremos a nuestros amigos y vecinos a construir sociedades libres, prósperas e inclusivas que beneficien a sus ciudadanos y que aseguren una paz duradera en las Américas.

Quiero agradecer a todos por invitarme. Y ahora con mucho gusto me ofrezco a responder sus preguntas.

Gracias.

(termina la transcripción)

 
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