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EMBASSY OF THE UNITED STATES OF AMERICA
 

Florida International University Speaker Visits Uruguay to Participate in Economic Seminar

Dr. Gregory Wolfe to address 9th National Congress and 1st International Seminar of Economists and Administrators

Posted: June 2, 2005

Dr. Gregory Wolfe and Mrs. Mary Ann Wolfe with U.S. Ambassador Martin J. Silverstein. (U.S. Embassy photo by Vince Alongi)
Dr. Gregory Wolfe and Mrs. Mary Ann Wolfe with U.S. Ambassador Martin J. Silverstein. (Click here to enlarge this photo)
Professor of International Relations at Florida International University, Dr. Gregory Wolfe, arrived yesterday to participate in the 9th National Congress and 1st International Seminar of Economists and Administrators, organized by the Uruguayan Association of Accountants, Economists and Business Administrators. His presentation at the Congress will be on Alternative Economic Strategies in a Global Economy.

Dr. Wolfe is also scheduled to give a presentation at the School of Economic Sciences, University of the Republic, on Trade and integration issues - from the broader scenario to the specific integration initiatives.

On Friday, Dr. Wolfe will attend Universidad de Montevideo where he will also speak on the subject of trade and integration, followed by a presentation at the Artigas Foreign Service Institute. In the afternoon, he will hold consultations with a group of professors of the School of Economic Sciences, University of the Republic - MBA and Department of Economy.

Gregory Baker Wolfe is known internationally as an educator, economic consultant, diplomat and public servant. He is presently a Professor of International Political Economy at Florida International University, Senior Consultant to the Wall Street International Language Institute (Barcelona, Spain & Mexico), Orion Commercial Realty Company (Miami), and Universidad Palermo (Buenos Aires).

Recently returned Uruguayan Ambassador to China, Pelayo Díaz; Dr. Gregory Wolfe; and recently returned Uruguayan Ambassador to Venezuela, Juan José Arteaga. [U.S. Embassy photo by Vince Alongi]
During a presentation at the Artigas Foreign Service Institute (Instituto Artigas del Servicio Exterior). From left to right: recently returned Uruguayan Ambassador to China, Pelayo Díaz; Dr. Gregory Wolfe; and recently returned Uruguayan Ambassador to Venezuela, Juan José Arteaga.

DR. WOLFE'S PRESENTATION

Algunas Observaciones sobre la Globalización - Teoría y práctica
Por Gregory Baker Wolfe
Professor Emeritus, Florida International University
3 de junio, 2005
Montevideo, Uruguay

Hace setenta y dos años aquí en Montevideo, un secretario de estado de los Estados Unidos de Norte América, Cordell Hull, asombró la asamblea de ministros extranjeros de la séptima conferencia internacional de los estados americanos OEA. Él hizo esto: Primero, visitando a cada uno de sus colegas en las habitaciones donde estaban alojados con el fin de conocerlos, presentárseles y expresarles su interés en un nuevo nivel y calidad de diálogo. Una apertura sin precedentes hecha alguna vez por un secretario de estado.

En segundo lugar, en plena sesión plenaria, el secretario Hull anunció que el nuevo gobierno del Presidente Rooselvelt esperaba lanzar una nueva política en las Américas llamada “el buen vecino.” Además de la reducción en las tarifas aduanales, la nueva política implicaba distanciarse de las políticas impopulares de intervención que fueron aplicadas durante cien años bajo el pretexto de la Doctrina Monroe. Y, tal como algunos de ustedes posiblemente recuerdan, las asambleas de los Estados Unidos, y más tarde la OEA, trabajaron fuertemente con el fin de desarrollar compromisos de no intervención que pudieran volver la doctrina multilateral. Durante treinta y cinco años hasta la intervención de la República Dominicana en 1968, bajo el presidente Lyndon Johnson, estos esfuerzos tuvieron éxito.

En menos de diez años después de la Conferencia de Montevideo, el mundo estaba sumergido por la segunda guerra mundial. Para ese entonces, se pudo ver más claramente que los Estados Unidos no podía mantener más la política de aislacionismo ni tampoco el sistema de tarifas altas que plagaban sus políticas internacionales desde que fallaron en ratificar El Tratado de Versalles y rechazaron los diseños de seguridad colectiva que el Presidente Woodrow Wilson había buscado futilmente.

En un sentido se podría decir que la política del Buen Vecino y el programa de comercio recíproco que empezó en 1933 fueron los prototipos para muchos de los instrumentos que emergieron cuando los dos líderes de la Segunda Guerra Mundial planearon la paz. Las Naciones Unidas ha sido un sistema de seguridad basado en los principios de la igualdad soberana y una forma de unanimidad. Los organismos económicos tales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario y la Organización Mundial de Comercio personificaron muchos tópicos que apoyaban los ideales y las actividades que habían sido objeto de las aspiraciones del hemisferio Americano desdes mucho tiempo atrás.

Si las entidades tales como NAFTA y LAFTA y la Región Central Americana hubieran sido adoptadas y administradas seriamente, pudieran haber acelerado el progreso y el desarrollo.

En lugar de unificar el mundo tal como se esperaba, la organización de las Naciones Unidas que fue adoptada después de la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en un campo de batalla bipolar, ideológico, nuclear, económico y geopolítico de las hegemonías soviética y estadounidense. Muchas corporaciones multinacionales ganaron alcance global durante aquellos años pero la globalización, tal como la conocemos actualmente basada en privatización y modelos democráticos libres, no sucedió hasta y después de la caída del muro de Berlín.

Este evento marcó el final de la Guerra Bipolar. También sirvió como fuente para la parte central del ensayo de Francis Fukuyama, El Final de la Historia. “El capitalismo”, escribió él, “ciertamente ha triunfado. Las empresas privadas reinarán supremamente en el mundo y el mercado libre llegará a ser su principal característica.” Quizás lo que Fukuyama no alcanzó a percibir fue cuántas criaturas menos afortunadas de la historia tendrían que sufrir el vivir en la pobreza, la falta de vivienda, refugios, educación decente, participación en la salud política, o--lo que el presidente Bush llama: “...la afiliación en una sociedad de derechos de propiedad...”--una sociedad regida por la ley y el respeto por los derechos humanos. El pasado aún espanta los salones de la victoria de la Guerra Fría debido esencialmente a que muchos millones de personas están todavía fuera del recipiente en forma de fanal (bell jar) tan formidablemente descrito por Hernán De Soto.

Entonces ¿podriá algún día llegar a ser la globalización la curación total para los residuos económicos sociales? O ¿es otra moda pasajera en la larga búsqueda por un sésamo para obtener desarrollo mundial, prosperidad, satisfacción humana para aquellos que de todo esto carecen?

Sin lugar a dudas, uno de los más aflictivos problemas no resueltos aún por los líderes y organizaciones mundiales son:

-cómo acabar con la pobreza,
-estimular la prosperidad,
-crear y aumentar el nivel de empleo y
-equidad de afiliación en las sociedades para los millones de personas que no la poseen.

Mucha gente ve la globalización como un nuevo fenómeno que proporciona a las corporaciones multinacionales la manera de independizarse en demasía de la supervisión y regulación gubernamental. Otros la consideran como una invasión de la soberanía y del nacionalismo. Otros aún más, la miran como una moda pasajera que llegó como una consecuencia inmediata del vasto progreso tecnológico mundial, la riqueza inigualable, y la explosión de la capacidad de las comunicaciones avanzadas y de la información mejorada por el Internet – y todo esto, de una forma única, está rodeada y envuelta por un poder nuclear que flota sobre todos nosotros a manera de freno al exceso político. Algunos buscan mantener un monopolio de esto. A sabiendas de que no pueden, disputan, sin éxito alguno, por alguna clase de régimen de no proliferación. No parece posible institucionalizar la globalización ni tampoco la no proliferación nuclear. Y, sin embargo, ambas necesitan de alguna forma de manejo administrativo.

Thomas Friedman, corresponsal internacional del New York Times ha escrito un libro que trata totalmente de la globalización. Él sugiere que las naciones en vía de desarrollo se encuentran con formas de cómo participar en un mundo globalizado.

Por una parte, estas naciones desean mantener sus tradiciones culturales y, por otra parte, ellas se dan cuenta de la necesidad de importar tecnología y llevar a cabo las reformas necesarias. Friedman propone que las naciones entrantes mantengan un “coche lujoso” al lado de una bananera o, en algunos casos, un carro Lexus al lado de un rebaño de ovejas.

Desde la guerra fría, varias naciones del lejano oriente y Europa oriental han dado un salto extraordinario en los niveles de vida y en el comercio internacional. En términos económicos, las inversiones en plantas industriales aprovechando los bajos niveles salariales y algún mejoramiento social, hace que estas actividades sean atractivas a los inversionistas extranjeros y benefician a las naciones receptoras.

En su último libro, El Mundo Es Plano, Friedman elabora más extensamente esta teoría. A mi manera de ver, él se muestra más optimista que yo. Nos falta por ver en la vida práctica (únicamente el tiempo nos dirá) si las naciones establecidas ricas y poderosas recibirán a nuevas naciones como miembros del equipo de las grandes ligas.

En este sentido sería prudente si tuvieramos tiempo de evaluar la incursión de los países latinoamericanos a la globalización. ¿Está la globalización encaminádose en un sendero histórico de acuerdo a las necesidades regionales?

El tamaño relativamente pequeño de Uruguay no permite a los estudios económicos a darles una parte considerable de las investigaciones del estudio; sin embargo, muestra que ustedes han sido ganadores en el juego de la globalización. Es decir, un beneficiario. La mayoría de las inversiones directas hechas aquí proceden de España. Bancos, hoteles y compañías de servicios públicos parecen dominar a los recién llegados. La inversión directa española en el Uraguay ha sobrepasado la de los Estados Unidos en los ultimos años pasados, mientras que la inversión total estadounidense en la región aún excede a la de las otras naciones. Todo esto está muy bien cubierto en un libro editado por algunos de mis colegas de la Universidad Internacional de la Florida. El libro se titula: Latin America’s Quest for Globalization editado por Pablo Toral y Félix Martin. Yo estoy seguro que ustedes encontrarán muy interesante su lectura. Todavía no se puede estimar a ciencia cierta en qué cuantía la inversión directa de los poderes no hemisféricos, tales como España, afectarán la competencia o la expansión de la globalización. Tampoco pueden estas inversiones realmente determinar si los esfuerzos regionales y sub regionales para establecer LAFTA, NAFTA o Mercosur en más ciertos caminos para un establecomiento efectivo.

El papel de España en la Unión Europea, y otros de sus miembros, al igual que China y Japón, han manifestado su preocupación por el enorme déficit comercial y presupuestario de los Estados Unidos. Su preocupación se debe, en parte, al aumento del sentimiento proteccionista. Los temas sensibles que rodean estas preocupaciones contienen problemas especiales por productos tales como: el azúcar, el acero y los textiles. Ellos también ofrecen algunas reexaminaciones de la manera como los sistemas regionales tales como LAFTA, NAFTA y el comercio centro americano pudieran convertirse en instrumentos de autarquía en vez de instrumentos que faciliten la cooperación y colaboración en la búsqueda de una globalización más avanzada.

El buen vecino de 1933 no puede más establecer una agenda mundial en un recipiente en forma de fanal. Ahora tenemos muchos más vecinos con muchas más necesidades. Ciertamente el negocio de autos, productos farmacéuticos, alimentos, productos químícos, obras artísticas, incluyendo música y publicaciones, etc., podrían representar ejemplos para ser juzgados por la organización mundial de comercio y por su nuevo director que se posesionará en el mes de septiembre. Estos y otros aspectos ocasionarán que muchas naciones regresen a las tarifas, restricciones cuantitativas, y aún más, prohibiciones absolutas de algunos productos. Estas dañarán seriamente el progreso de globalización y el libre comercio.

Entre los más tradicionalistas, podremos encontrar que la política abruma la economía como una fuerza superior. Probablemente llegaremos a ser testigos del escenario descrito por el Profesor Paul Kennedy en su libro La Subida y la Caída de los Grandes Poderes (The Rise and Fall of the Great Powers). Estos grandes poderes desarrollaron imperios, invirtieron en su propia protección, su defensa, en guerras internas, e invirtieron en armamentos que llegaron a ser una carga tan grande que los poderes metropolitanos se derrumbaron abatidos por el peso de su propio exceso. Kennedy no argumentó que necesariamente algo parecido podría pasarle a los Estados Unidos; más bien, él sugirió que un manejo prudente puede evitar desastres imperialistas.

El gran desafío a la hegemonía estadounidense será encontrar un nuevo orden mundial basado en la globalización y al mismo tiempo organizar y atraer las naciones que aún son pobres y subdesarrolladas las cuales necesitan un balance viable entre el “lexus” y el “olive tree.”

Cualquiera que sea el método, los países más desarrollados y organizados del nuevo mundo, Las Américas, continuarán siendo merecedores de una organización especial. Esto es esencial debido a que las instituciones sociales, políticas, económicas y financieras requieren refinamiento y acceso inmensamente más grande para los diferentes segmentos de la población. Nadie expresa este punto con más claridad y percepción que el político economista peruano Hernán De Soto. La búsqueda histórica para establecer un sistema regional interamericano en conformidad con los conceptos del Libertador Simón Bolívar, y del hombre de las leyes el colombiano General Santander, y el joven visionario Presidente John Kennedy. Hasta ese momento, los beneficios totales de la manifestación de la globalización pueden ser realizados completamente. La necesidad más importante para los gobiernos individuales es formular una estructura legal que permita a los sectores marginados de la población participar en el centro del proceso capitalista del país. Esto no puede hacerse únicamente bajo los reqerimientos e instrucciones del Banco Mundial, sino mediante un liderazgo incorruptible dedicado a cambios estructurales más democráticos, más abiertos y más sinceros. Los países vecinos de los latinoamericanos podrían, entonces, formular convenios multilaterales regionales o globales.

Translation Assistance by Francisco César Grisales
Professor of Spanish Broward Community College

 

 

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